Legué puntual con mi mochilota, ahora si llena de cosas, y la maestra me puso a acomodar mis cosas porque me iba a pasar corte. La verdad si me asusté. Estuve tentada a aventar todo y salirme corriendo gritando: yo no seeeeeeeeee! pero me aguanté y llegó un pobre señor que nomás quería que le recortaran el pelo. La maestra me explicó cómo hacerle: se le agarra ésta parte y se le pregunta cuánto quiere cortar, de ahí hay que seguir con la primera guía hacia abajo hasta que quede pareja la parte central. Después, un poco de lado se toma otra parte del cabello y se sigue el mismo formato. Las tijeras con la mano derecha con el dedo pulgar y anular y el peine en la misma mano. Yo ni vi al pobre señor, estaba tan clavada en hacerlo bien que no me acuerdo de su cara. Al terminar hay que sacudirlo y ponerle talco… pues yo no supe cómo y se lo eché encima del cuello. Claro que con el agua que le escurría se hizo un batidero. Ya que terminé la maestra fue y me corrigió lo que hice y lo deja ya decente al don.
A los 3 minutos me llega un cholillo. Chale! ¿y qué le hago a éste? Quería un corte como militar en la parte de abajo y arriba desvanecido. La maestra me ayudó de un lado y yo me eché lo de atrás y el otro lado. Pobre ingrato parecía plumero. Pelón, pelón y lo pelos parados. Aquí aprendí qué es un degrafilado. Hay que hacer el cambio de casi rapa a pelo más sutil con otra técnica de corte.
Ahora llega una chavita. Yo le calculé 13, 14 años. Uyyy tenía el pelo lindo. Se lo voy a echar a perder, pobre. Ella quería despunte y una capa encima. Este fue el corte que más me gustó hacer, no se porqué, pero salía padre. En este ya fui perdiendo el miedo de cortar, es más creo que le corté de más a la pobre. Pero le quedó bien, hasta eso.
Luego llegó una señora con su hijo. Al parecer llevaban mucho tiempo esperando y el niño ya estaba todo enfadado. Desde que se sentó traía un cara el pobre. No quería que le cortaran el pelo y la mamá necia en que se lo iba a madrear si no se ponía en paz. Pos a este sí me lo eché como pude, lo que quería es que se fuera rápido. Le metí maquinazo y medio lo despunté como pude porque además empezó a llorar y estaba todo agachadito.
Y al final de la tarde llegó un viejito, bueno no tan grande, pero un señor mayor. Ay, tiene el pelo chino, ¿cómo se corta el pelo chino? ¡No lo puedo agarrar! Este corte fue el más fácil porque el señor nomás me dijo que lo quería chiquito. Pero el más difícil porque me cabeceó todo el tiempo. No podía cortarle la parte de las patillas y junto a la oreja porque se me movía mucho!
No estuvo tan mal, salí contenta. No la hice tan mal y me sentí bien de saber que la maestra arregla mis plumeros Me gustaría como que ya saber hacerlo bien… ya se, ya se, el proceso es importante y hay que practicar. Ay luego me dicen quién se anima, ahora que ando encarrilada.

